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Límites en vacaciones: cómo hacer para que no todo sea “pantalla”

Blog - Enero 2019

En las historietas de Mafalda, su autor, el genial Quino, dibujaba al padre de la famosa niña poniendo una planta tan grande sobre el televisor que no dejaba ver la pantalla, después de haber cedido a las presiones para comprar la tele. ¿Cómo encontrar el justo punto medio con nuestros hijos, sin caer en extremos como el de la tira?

Los chicos, que de golpe pasan de una actividad pautadísima en época de clases al absoluto tiempo libre en vacaciones, suelen sentir un gran vacío, una angustia por no saber qué hacer y tienden a llenarlo con la televisión, la computadora u otros dispositivos electrónicos. Y ese mismo vacío es el que, en ocasiones, hace que adultos de agenda completa se sientan desorientados en vacaciones y no sepan cómo enfrentarse al tiempo de ocio. Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los niños hasta los dos años no deben mirar televisión, pero prohibir la pantalla a partir de esta edad parece poco posible.

Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los niños hasta los dos años no deben mirar televisión, pero prohibir la pantalla a partir de esta edad parece poco posible. Lo que sí podemos hacer es poner pautas para ayudarlos a enfrentar el tiempo libre y a ir generando herramientas para poder disfrutarlo: a los chicos no les viene mal aburrirse un poco y, de hecho, después de los 12 años es difícil convencerlos de que se incluyan en alguna actividad tipo colonia, pero es un mito que tienen que estar entretenidos siempre.

Lo que es importante es que el adulto, que le permitió usar la computadora y ver la televisión por la mañana pero señaló que durante la tarde había que hacer otra cosa que no incluyera pantallas, pueda soportar ese punto de aburrimiento del niño y no ceda creyendo que no queda otra opción más que dar “play”.

Y es fundamental trabajar en este tipo de límites desde que los chicos empiezan a ver la tele y usar la computadora, porque de nada vale querer que un nene de 10 años haga otra cosa si nunca tuvo necesidad de hacerlo: desde pequeño hay que acostumbrar al chico a que la exposición a la pantalla tiene un límite, para que el aburrimiento dé paso a la creatividad y para que la soledad de la pantalla sea reemplazada por el intercambio emocional con un adulto significativo. Cuando alguien con quien el chico tiene una relación de afecto se sienta en el piso y se pone disponible para él, la pantalla deja de ser tan atractiva.

Aunque hayamos trabajado en esto desde que los hijos eran pequeños, como adultos debemos saber que los chicos, a partir de los 10 años, usan el “aburrimiento” como elemento de presión hacia los padres: literalmente, se lo tiran en la cabeza para ver qué hacen los adultos con eso. Hay que sostener el límite y soportar al chico angustiado por no saber qué hacer, con la tranquilidad de que esta angustia no lo va a traumar, sino que es un vacío necesario para que surjan ideas y posibilidades que, si están tapadas por horas y horas de pantalla, nunca verían la luz.

Aunque a los padres les parezca increíble, los chicos también se aburren de la computadora, sobre todo si ven a su alrededor posibilidades interesantes a las que pueden sumarse. Si no las ven o nadie está dispuesto a compartir con ellos, es menos probable que se cansen.

Como norma general, los límites a la pantalla en vacaciones tienen que ver con encontrar un justo punto medio: un poco sí, un poco no. De hecho, la Sociedad Argentina de Pediatría recomienda que los chicos no pasen más de dos horas por día frente a la pantalla. Se pueden pautar días u horarios con los chicos para cada cosa, podemos ayudarlos a hacer una lista de actividades para hacer que no impliquen interactuar con pantallas (leer, dibujar, construir, pegar figuritas, jugar juegos de mesa, etc.), podemos poner a su disposición materiales para desarrollar otras actividades acordes a su edad (jugar con masa o con una palangana con agua y barquitos de papel los más chiquitos, que las nenas más grandes “cosan” ropa para sus muñecas, que los varones improvisen una pista para autitos, etc.) y, fundamentalmente, podemos ponernos a su disposición para compartir alguna actividad que disfrutemos ambos (cocinar juntos, hacer “orden de fin de año” en la habitación y recuperar juguetes olvidados, jugar algún juego de mesa más complejo, leerles, etc.).

Y también podemos incentivarlos para que inviten amigos y hagan “planes” teniendo con esto también el cuidado correspondiente: si invitan amigos, que no sea para pasarse la tarde en la computadora, y que “hacer planes” no sea la única manera de divertirse: se puede pautar dos o tres “idas y venidas” por semana, según las posibilidades de los padres, y hacerlos entender que también pueden divertirse sin que haya un amigo presente.

 

Aquí, algunas ideas divertidas, según la edad de tu hijo:

 

Juegos recomendados para 2 años:

 

Sacar algunos utensilios de la cocina y sentarse a “cocinar” en el suelo o en una mesita a la altura de tu hijo va a ser suficiente para tentarlo con las cucharas de madera, las ensaladeras y alguna cacerolita.

Si tenés un patio, terraza o jardín y hace calorcito, dejalo desnudo y poné la manguera en sus manos. Una palangana y algún “barquito” te asegurarán un buen rato de diversión y frescura. Bañar muñecos y lavar autos también es muy atractivo para los más chiquitos.

Armá una “carpa” al aire libre o en el living: alcanza con una tela, broches y las sillas del comedor. Invitá a tu hijo a esconderse, llevar juguetes y divertirse dentro de esa casita de fantasía.

 

Juegos recomendados para 3 años:

 

Ir a la plaza: el triciclo, el tobogán, la hamaca, lanzar y atrapar pelotas, patearlas, correr y perseguirse son actividades ideales para esta edad por el despliegue motriz que implican. Si llevás una lonita y la salida incluye picnic… ¡mucho mejor!

Hacer una búsqueda del tesoro: esto puede ser un juego en sí mismo o el anticipo de otro si, por ejemplo, el “tesoro” es un nuevo juego de mesa. Con la ayuda de las palabras “frío” y “tibio” y “caliente” podés guiar a tu hijo hasta la sorpresa.

Armar juegos con material reciclado: los tubos de cartón del rollo de cocina pueden ser los “bolos” y los diarios viejos, servir para hacer “pelotas”. Con un cesto de papeles arriba de una silla podés proponerle “encestar” esas mismas pelotas. Recortar caras o personajes de revistas y pegarlas sobre los tubos de cartón del papel higiénico puede servir para hacer títeres o simplemente personajes que vivan en una casa hecha con una caja en desuso. ¡Y decorar todos estos elementos puede constituir un juego antes del juego! Ver más

 

 

¿A qué puedo jugar con mi hijo de 4 años?

 

Sus juegos preferidos son los corporales: hacer una guerra de almohadas, cosquillas, representaciones con sus peluches y torres de almohadones para ver a quién le dura más el conejo arriba de todo son propuestas que le van a encantar.

Luchas con espadas de papel, carreras y juegos como las escondidas o la mancha también funcionan siempre.

La plaza, el patio o la terraza pueden ser escenarios adecuados para patear pelotas, encestar en aros que estén a su altura, probar con la rayuela y hacer monerías en una colchoneta. Bailar, fabricar juegos “caseros” para encestar o tipo bolos también puede funcionar. Obviamente, la bicicleta y los patines pueden participar en una salida a la plaza y a la que podés agregarle como atractivo un picnic con viandas preparadas en casa y con su ayuda. Ver más

¿A qué puedo jugar con mi hijo de 5 años?

Los chicos de cinco años se sienten grandes, pero siguen siendo amantes del juego.

Los juegos con agua siguen siendo sumamente atractivos a esta edad: los barquitos (de juguete y/o de papel), la espuma de afeitar de papá, los burbujeros, las botellitas de plástico vacías y los elementos de la cocina que no representen peligro alguno pueden ir a parar adentro de la bañadera.

Como la tijera es un elemento que ya maneja, también podés aparecer con unas hojas de papel afiche y las revistas viejas que tengas en casa: un poco de pegamento y a hacer collages o fabricar rompecabezas pegando en cartulina una hoja entera de una revista que tenga un paisaje, por ejemplo. La cortan en varias “piezas”… y listo, ¡solo queda volver a armarlo! Ver más

¿A qué puedo jugar con mi hijo de 6 años?

Los libros y la lectura siguen en el “Top Ten”: a esta edad adoran los poemas porque disfrutan de las rimas y la repetición. Partiendo de la lectura de rimas y poesías podés jugar con tu hijo a ser escritores e inventar rimas. Después puede ser “editor”, hacer un libro juntando varios poemas, ilustrarlos… ¡y regalárselo a algún familiar o amigo para su cumpleaños!

Otra posibilidad para jugar con las palabras son los “tantanes”: “Era una casa tan pero tan elegante que hasta los ratones usaban corbata”. Con ellos, y mediante la fórmula “tan pero tan” podés jugar con tu hijo a crear exageraciones de lo más divertidas.

 

 

 

Fuente: Planeta Mamá Asesoró la psicoanalista María Cristina Castillo, terapeuta de pareja y familia del Centro Dos.

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